Un buen vino para esperar el año nuevo

Uno de los momentos más excitantes de los días festivos es cuando termina un año y que comienza otro. Ese justo instante en que hacemos un conteo regresivo y besamos a la persona querida que tengamos cerca. Es como si abrieran las puertas a nuevas posibilidades. Y qué mejor para acompañar este momento que un buen vino.

Pero si queremos de verdad conseguir una buena cosecha tenemos que apurarnos porque de seguro están por acabarse.

Los vinos buenos no son abundantes, aunque si de algo puede ostentar España es de la calidad de sus vinos.

No obstante, es mejor que el fin de año nos atrape con todo listo para después no tener que ponernos a correr y terminar con el vino más barato de la licorera de la esquina. Beber vino no es como tomarse una botella de cerveza de esas que vienen en paquetes de a 6. Beberse un buen vino es un acto especial, que lleva todo un ritual.

Por eso el vino es la bebida que acompaña los grandes acontecimientos, solo una buena champaña le hace la competencia, o tal vez una buena sidra. En fin, que destapar una botella de vino es un acto de elegancia, de refinamiento. El vino no se sirve en cualquier vaso, lleva una copa específica y debe estar a una temperatura justa, aunque en este sentido se les deja al gusto individual, pues algunas personas lo prefieren frio mientras que otras lo beben a la temperatura ambiente.

Disfrutar un buen vino implica todos los sentidos. La vista por el color del licor, que quienes saben del asunto distinguen hasta las diferencias de la bebida a partir de los tonos de esta. El oído por el chin chin que hacen las copas la brindar. El olfato porque un buen vino tiene un aroma muy particular. El tacto, bueno, justamente en el acto de tomar la copa, y el paladar es el más privilegiado, pues un buen vino nos hace experimentar sensaciones únicas.

Todas estas delicias nos hacen escoger el vino como la bebida para celebrar la llegada de un nuevo año. Un año para el que tenemos tantos planes y del que esperamos tantas cosas buenas. En fin, que mejor no seguir perdiendo tiempo y salir a buscar ahora mismo esas botellas que nos acompañarán cuando suenen las doce campanadas del 31 de diciembre.

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